¿Cuánto cuesta llenar una cesta con productos de temporada? ¿Qué hay detrás del precio de un aguacate? ¿Es posible preparar un plato atractivo y sabroso con solo diez euros? Estas fueron algunas de las preguntas que acompañaron a los participantes de la formación de Cocina de La Laguna Viva durante su visita al Mercado de La Laguna, en Tenerife, una actividad organizada por Cesal para llevar el aprendizaje más allá del aula.
La formación, promovida por la Concejalía de Desarrollo Local del Ayuntamiento de La Laguna y desarrollada por Cesal, llevó al grupo a recorrer los diferentes puestos del mercado, acompañado por su docente, Patricia González, y el personal técnico de la entidad. Allí pudieron conocer de primera mano a los proveedores locales y aprender más sobre los productos de temporada y la evolución de sus precios.
Participantes de la formación de Cocina de La Laguna Viva, junto a su docente, Patricia González, y el personal técnico de Cesal, durante su visita al Mercado de La Laguna. / Foto: Cesal
Las conversaciones con los comerciantes les permitieron conocer una realidad que afecta directamente al trabajo en cocina. Las condiciones climatológicas habían perjudicado algunas cosechas, encareciendo determinados productos locales. A ello se sumaban los costes del transporte y las aduanas para los productos procedentes del exterior. También descubrieron que el aguacate superaba los 16 euros por kilo, mientras que el pescado salado llevaba alrededor de tres años manteniendo su precio, frente a las fluctuaciones del fresco. La alimentación de temporada y su aportación nutricional también estuvieron presentes en las conversaciones.
Una comerciante del Mercado de La Laguna explica al grupo las diferencias entre los productos del mar y la evolución de sus precios. / Foto: Cesal
Los participantes de Cocina de La Laguna Viva conocen la variedad de productos disponibles durante su recorrido por el Mercado de La Laguna. / Foto: Cesal
Pero la visita tenía una segunda parte. Tras recorrer el mercado, los participantes se dividieron en tres equipos. Cada uno recibió diez euros y dispuso de una hora y media para diseñar una ensalada, buscar ingredientes locales, comparar precios y ajustar la compra a su presupuesto.
El ejercicio exigía mucho más que conocimientos culinarios. Había que preguntar a los vendedores, vencer la timidez, tomar decisiones en grupo y aprender a gestionar el tiempo. Todo ello sin perder de vista el objetivo: conseguir una elaboración creativa, colorida, sabrosa y con una presentación cuidada.
Una participante de La Laguna Viva realiza la compra de ingredientes locales para la elaboración de su ensalada, ajustándose al presupuesto de diez euros por equipo. / Foto: Cesal
La implicación fue tal que algunos participantes dedicaron parte de la tarde a seguir pensando en sus recetas. Querían cuidar hasta el último detalle antes de presentar sus creaciones al jurado que, al día siguiente, valoraría sus creaciones.
Y lo consiguieron. Cada equipo encontró una manera diferente de interpretar los ingredientes elegidos. Fusión volcánica de El Teide destacó por su presentación visual y colorido; Otoño en el Teide conquistó al jurado por su sabor, mientras que Entre sabores sobresalió por la variedad de sus texturas.
Fusión volcánica de El Teide: la elaboración destacó ante el jurado por su presentación visual y la combinación de colores. / Foto: Cesal
Otoño en el Teide: esta ensalada conquistó al jurado por el sabor y el equilibrio de sus ingredientes. / Foto: Cesal
Entre sabores destacó ante el jurado por la variedad de texturas de su propuesta. / Foto: Cesal
Los compañeros de la formación de Sala también tuvieron su papel, encargándose del servicio de las elaboraciones al jurado y aprovechando la ocasión para aplicar los conocimientos adquiridos durante los últimos días.
Los participantes de Sala de La Laguna Viva se encargaron de presentar las elaboraciones de Cocina al jurado. / Foto: Cesal
Hubo nervios, entusiasmo y una sana rivalidad que nunca estuvo por encima del compañerismo. Entre platos y valoraciones se escuchaban felicitaciones espontáneas: “¡Qué bonito os quedó!” o “¡El vuestro está riquísimo!”.
“Ha sido una actividad fantástica. Me he divertido y aprendido muchísimo”, compartía uno de los participantes. Otro lo tenía igualmente claro: “Volvería a repetirlo. Me ha encantado conocer el producto local y cocinarlo”.
El resultado de las ensaladas fue solo una parte de lo que aprendieron durante la experiencia. Aquellos diez euros les permitieron comprender mejor el valor de los ingredientes y ganar confianza para desenvolverse fuera del aula, demostrando cuánto se puede conseguir cuando se trabaja en equipo.