Cesal ha celebrado una nueva edición de la formación gratuita y presencial sobre Derechos, Libertades y Valores Democráticos, dirigida a personas migrantes en situación administrativa irregular o que necesitan renovar su autorización de residencia. La acción se enmarca en el proyecto LAR (Lugar de Acogida y Regularización), del que Cesal es entidad beneficiaria, y permite acreditar la formación requerida para solicitar el Informe de Esfuerzo de Integración.
El proyecto LAR, en cuyo marco se desarrolla esta formación, cuenta con financiación de la convocatoria del Gobierno de Canarias con cargo a la asignación tributaria del IRPF para fines sociales, correspondiente a la anualidad 2025 y con ejecución en 2026, y de la operación Empleo Vivo.
Durante cinco jornadas, hombres y mujeres de distintas edades, procedentes de Venezuela y Perú, trabajaron de manera práctica sobre el marco de derechos y convivencia en España. A partir de ejemplos cercanos, conocieron cómo la Constitución protege sus libertades, qué implica vivir en democracia y participar en la comunidad, y cómo reconocer y afrontar una posible situación de discriminación.
La formación también permitió reflexionar sobre la tolerancia, la diversidad cultural y la igualdad entre mujeres y hombres, además de resolver dudas muy concretas relacionadas con extranjería y empleo. El grupo conoció las distintas vías de arraigo y algunos trámites administrativos esenciales, aprendió a interpretar documentos como un contrato, un convenio colectivo, una nómina o la vida laboral, y practicó el uso de herramientas digitales como Cl@ve y el certificado digital.
El curso está planteado para que las leyes no se queden únicamente en una explicación teórica. El curso recurre a actividades participativas para relacionar cada contenido con situaciones reconocibles. En El derecho perdido, por ejemplo, imaginaron cómo cambiaría su vida si desaparecieran derechos como la educación, la vivienda, la salud o la libertad de expresión. Con La mochila, reflexionaron sobre qué parte de su vida y de su identidad llevarían consigo al emigrar y cómo se sentirían si fuera rechazada en el lugar de llegada. También analizaron un caso de racismo en un proceso de selección, identificaron estereotipos y prejuicios y debatieron sobre los límites de la tolerancia.
El testimonio de un antiguo participante de Cesal, de origen etíope y hoy voluntario de la entidad, dio a la formación una dimensión difícil de transmitir únicamente a través de los contenidos. Compartió el largo recorrido que lo condujo hasta Canarias, marcado por el paso por distintos países africanos, la violencia de las mafias y una travesía en patera hasta Lanzarote. Una experiencia extrema que, con el tiempo, ha sabido transformar en resistencia y esperanza.
Su relato no se detuvo solo en las dificultades, sino en todo lo que vino después: la posibilidad de rehacer su vida y encontrar apoyo para seguir adelante. Hoy comparte lo vivido para acompañar a otras personas que todavía atraviesan el duelo migratorio. Escucharlo permitió comprender este proceso desde la voz de quien lo ha sufrido en primera persona y ha decidido convertir su historia en una forma de ayudar a los demás.
La formación contó además con la colaboración de la Federación de Asociaciones de Mujeres Arena y Laurisilva. Rocío Cortés, trabajadora social de la entidad, impartió una sesión sobre igualdad de género en la que el grupo pudo distinguir entre igualdad y equidad, reconocer roles y estereotipos y comprender cómo determinadas desigualdades afectan al empleo, los cuidados o el acceso a oportunidades. La charla también permitió conocer recursos disponibles en Canarias y recordar la importancia de pedir ayuda ante cualquier situación de violencia o discriminación.
A medida que avanzaban las sesiones, el grupo fue ganando confianza. Quienes habían llegado como desconocidos comenzaron a reconocerse en las experiencias de los demás y terminaron compartiendo fragmentos de sus propias historias. La formación deja conocimientos útiles para desenvolverse en España y la certeza de que este proceso no tiene por qué recorrerse en soledad. Integrarse no significa dejar atrás quiénes somos, sino encontrar un lugar desde el que participar con derechos y responsabilidades.