El olor del gofio marcó el cocinado. La sexta edición de la formación de Ayudante de Cocina de Cesal en Tenerife metropolitano recibió la visita de Diana Marcelino, chef tinerfeña reconocida por su trabajo con el producto canario. Ganadora del premio al Mejor Mojo en Madrid Fusión 2022, también ha formado parte de El Secreto de Chimiche, proyecto gastronómico distinguido con un Sol Repsol.
La sesión estuvo dedicada a la elaboración de churros de gofio de millo, una receta en apariencia sencilla, pero llena de matices. A través de esta propuesta, el grupo pudo trabajar técnica y, al mismo tiempo, recuperar el valor de una cocina que muchas personas reconocen desde la memoria familiar.
Esta acción forma parte de la formación de Ayudante de Cocina, integrada en los itinerarios de la operación Empleo Vivo, cofinanciada por la Unión Europea, a través del Fondo Social Europeo Plus (FSE+), y por el Ministerio de Trabajo y Economía Social.
En Canarias, Cesal impulsa itinerarios de formación y acompañamiento para mejorar las oportunidades de empleo de personas que buscan incorporarse al mercado laboral. En áreas como la hostelería, la entidad apuesta por una formación práctica, vinculada al oficio y pensada para que cada participante gane seguridad en un entorno profesional.
Durante la masterclass, Diana Marcelino reivindicó las elaboraciones sencillas. Recordó que, cuando hablamos de las recetas que nos marcaron, muchas veces no pensamos en platos complejos, sino en preparaciones humildes que nos devuelven a un recuerdo concreto.
En ese sentido, puso ejemplos muy reconocibles: “las croquetas de mi madre” o “el potaje de mi abuela”. Recetas que quizá no buscan sorprender, pero que permanecen en la memoria porque llevan detrás una historia.
“Hacer lo que sea, pero con el mayor amor y cariño del mundo”, compartió la cocinera durante la clase. Con esa afirmación defendió una manera de cocinar que nace del respeto al producto y a quien va a sentarse a comer, pero también de la pasión por el oficio. Una pasión que, para Diana, debe notarse incluso en unos espaguetis con tomate o en una tortilla francesa.
Diana empezó por la masa de los churros: explicó cómo escaldar la harina para conseguir una textura manejable y cómo reconocer el punto adecuado para pasarla a la manga pastelera. Después, mostró el empanizado de gofio como una cobertura final, pensada para rematar la pieza. El churro, tan ligado al chocolate caliente cuando llega el frío, tomó aquí un acento canario que permitió hablar de técnica y precisión, sin perder de vista el cariño.
Al final, tocó probar. La cata cerró la masterclass. Los churros de gofio llegaron al plato de degustación después de haber pasado por las manos del grupo. En Cesal, el modelo-aprender haciendo se vive así: aprender desde la práctica para entender mejor el oficio.