La delegación de Cesal en Canarias estuvo presente el pasado viernes 12 de junio en el encuentro del Papa León XIV con personas migrantes y entidades sociales celebrado en la plaza del Santísimo Cristo de La Laguna, uno de los actos centrales de su visita a Tenerife y de la etapa final de su viaje apostólico a España. Acudieron cerca de 30 personas de la entidad, entre equipo y participantes de sus itinerarios en Tenerife, con historias y países de origen muy distintos.
La cita reunió a organizaciones dedicadas al trabajo de acogida e integración en Canarias, en una jornada marcada por los testimonios y por el reconocimiento a la labor que las entidades sociales desarrollan cada día en las islas.
La visita a Tenerife llegó después del recorrido del Papa por distintos puntos de España y de su paso por Gran Canaria, donde la realidad migratoria ya había ocupado un lugar destacado. En la isla tinerfeña, León XIV comenzó su agenda en Las Raíces, recurso de acogida temporal para personas migrantes, antes de desplazarse a la plaza del Cristo de La Laguna, convertida durante la mañana en un espacio de escucha sobre la integración en Canarias.
Desde el inicio de su intervención, el Papa tomó como punto de partida una imagen ligada a la propia ciudad de La Laguna: “una ciudad sin murallas, una ciudad abierta”. A partir de ahí, recordó que las barreras más difíciles de derribar no siempre son visibles y que, muchas veces, aparecen en la mirada o en el miedo.
Su mensaje conectó de lleno con una realidad que Canarias conoce de cerca. El mar, dijo, trae hasta las islas historias que no siempre se saben leer: hablan de dolor, pero también de esperanza.
Para Cesal, las palabras de León XIV enlazaron directamente con el trabajo que la entidad realiza cada día en Tenerife. Cuando el Papa afirmó que “la acogida abre la puerta; la integración ayuda a cruzar el umbral”, resumió con claridad el sentido de ese camino: recibir es solo el inicio, pero hace falta continuidad para que cada persona pueda recuperar confianza y abrirse paso. Desde su implantación en Canarias, Cesal acompaña a personas en situación de vulnerabilidad a través de itinerarios de inclusión sociolaboral, con formación práctica y orientación vinculada al tejido empresarial, sobre todo en sectores con posibilidades reales de inserción como la hotelería y hostelería.
Ese acompañamiento tuvo rostro en La Laguna a través de quienes acudieron junto a Cesal y vivieron la visita desde su propia historia. No fue solo una presencia institucional: para varios participantes, estar allí supuso una experiencia difícil de resumir en pocas palabras.
Entre quienes llegaron emocionadas incluso antes de escuchar al Papa estaban tres hermanas venezolanas invitadas por Cesal. Para J. M. E., estar en la plaza fue “un privilegio” y una forma de pedir por su país; al hablar de Venezuela y de quienes siguen lejos de sus familias, la emoción le quebró la voz. K. M. E. también vivió el momento desde esa distancia: agradeció la invitación y explicó que poder ver de cerca al Papa le permitió pedir por sus hijos y sus nietos, a quienes dejó atrás. Y. M. E., por su parte, expresó el sentir de las tres al pedir que la bendición alcanzara a Tenerife, a Venezuela y a todas las personas migrantes.
J. R. H., de 65 años y natural de Cuba, habló del encuentro como una vivencia nueva dentro de su recorrido personal. Se sintió impresionado por las palabras del Papa y reconoció que los testimonios escuchados le hicieron llorar. “Me sentí orgulloso de ser inmigrante”, afirmó. También vinculó lo vivido con su paso por Cesal, donde aseguró haber encontrado una oportunidad para formarse y afrontar con ilusión el trabajo que tiene por delante.
También L. H. V., participante tinerfeño de 47 años, destacó que lo vivido no se podía explicar solo por la presencia del Papa, sino por todo lo que rodeó aquel momento. Recordó el acompañamiento recibido durante su formación y el vínculo creado con quienes han estado cerca en ese camino. Para él, uno de los instantes más intensos fue el Padrenuestro dirigido por León XIV, que describió como uno de los más sentidos que ha vivido.
Entre los participantes más jóvenes, C. C., de 18 años y procedente de Mauritania, definió la visita como un momento de unión para la comunidad y explicó que le hizo reflexionar sobre la fe. F. S., también de 18 años y natural de Gambia, quiso agradecer tanto al Papa como a Cesal el apoyo a las personas migrantes. “Gracias a ustedes. Me ayudaron mucho”, expresó con emoción.
“Integrar es impedir ese segundo naufragio”, León XIV
León XIV se detuvo también en lo que ocurre cuando termina la urgencia de la llegada. Habló entonces de un “naufragio silencioso” cuando una persona queda sola en una ciudad, sin vínculos ni trabajo, expuesta a quienes se aprovechan de su vulnerabilidad.
“Integrar es impedir ese segundo naufragio”, afirmó. Para Cesal, esa llamada tiene una traducción diaria: acompañar para que la llegada no se convierta en una espera indefinida, sino en un camino donde volver a ponerse en pie.
La visita también tuvo un impacto especial en el equipo de Cesal. Aunque no se recogen aquí todas las voces de quienes asistieron, parte del equipo coincidió en que el encuentro les tocó también desde su trabajo diario. Amós García, técnico de empleo, lo definió como una experiencia “enriquecedora y significativa” que permitió mirar de frente la realidad de las personas migrantes y reforzó el sentido de la labor que realiza la entidad. Nisamar Alayón, administradora en Cesal, habló de “emoción y paz interior”, tanto por los testimonios escuchados como por la reacción de quienes tenía a su alrededor.
También Ramón Avelino Mascareño, técnico de intervención, reconoció que acudió sin grandes expectativas, pero que la presencia del Papa y la autenticidad de su mensaje cambiaron su mirada sobre León XIV. Para Fiorella Baena, técnica de empleo, el encuentro recordó que, más allá del país de origen o de las diferencias culturales, todas las personas comparten el deseo de avanzar y construir una vida mejor.
Olga Díaz-Montenegro, también del área de empleo, destacó la humanidad de una visita que transmitió la importancia de estar cerca de quienes más lo necesitan, “no desde la distancia de las palabras”, sino desde el compromiso con cada persona. Para ella, fue también “un regalo y una lección para muchos”. Elisa Ortín, responsable de centro en Gran Canaria, expresó que se marchó con el corazón “ensanchado de amor y esperanza”, con la confianza de que la integración pueda hacerse desde el abrazo y el respeto a la cultura de cada persona.
Por su parte, María del Carmen Ciordia, técnica de integración de la entidad, reconoció que necesitó dejar pasar unas horas para poder ordenar lo vivido. Esperaba al Papa “ansiosa y muy emocionada”, sobre todo porque, como explicó, “necesitaba escuchar lo que venía a decirnos”. Para ella, el discurso habló a creyentes y no creyentes porque apeló a “lo más profundo del corazón del hombre” y a aquello que cualquier ser humano puede reconocer como propio.
María del Carmen encontró en una frase del discurso una forma de nombrar lo que vive cada día en su trabajo: “Integrar es un camino recíproco”. A partir de ahí, sintió que la visita le devolvía una mirada más profunda sobre su labor: “La visita del Papa ha sido un regalo”, compartió, antes de añadir que le hizo desear “mirar con más ternura y verdad a todos los que entran por la puerta de nuestra oficina”.
Por último, Esther Cabello, delegada de Cesal en Canarias, también se quedó con una estampa muy concreta de la visita: la capacidad del Papa para acercarse a quien es distinto sin dejar de ser quien es. Para la delegada, esa forma de estar frente al otro habla del sentido más humano de la acogida: encontrarse con la diferencia sin convertirla en distancia.
León XIV pidió en La Laguna que quien llegó como forastero pueda convertirse en hermano y vecino. En Canarias, Cesal trabaja cada día para hacerlo posible a través de la formación y el empleo, con la convicción de que cada persona puede reconstruir su vida con dignidad.