¿Qué meterías en una maleta si mañana tuvieras que abandonar tu hogar sin saber cuándo volverás? Esa fue una de las primeras preguntas que se plantearon las 16 alumnas del ciclo de Atención a Personas en Situación de Dependencia del CIFP Los Gladiolos, en Santa Cruz de Tenerife, durante su participación en Desaprendiendo prejuicios II, un Escape Room de sensibilización impulsado por Cesal con la financiación del Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030.
La dinámica, diseñada y producida por Incógnito Escape, invitó al alumnado a ponerse en la piel de quienes se ven obligados a migrar y a reflexionar sobre los prejuicios que todavía condicionan la mirada social hacia las personas migrantes.
El alumnado del IES Los Gladiolos trabajó en equipos durante el Escape Room, una propuesta de Cesal para reflexionar sobre la realidad migratoria y desmontar prejuicios. / Foto: Cesal
El equipo de Cesal acompaña al alumnado antes del inicio del Escape Room, una experiencia participativa diseñada para ponerse en la piel de quienes se ven obligados a migrar. / Foto: Cesal
La actividad reunió a las participantes en cuatro equipos (negro, azul, verde y rojo) con un objetivo común: resolver los enigmas planteados en un tiempo máximo de 35 minutos. Sin embargo, el verdadero reto no estaba en encontrar códigos o abrir candados, sino en comprender qué hay detrás de la experiencia migratoria de millones de personas que se ven obligadas a abandonar sus países de origen.
Antes de comenzar, las alumnas escribieron en distintos papeles algunos de los prejuicios que con frecuencia recaen sobre las personas migrantes. Frases como “vienen a quitarnos el trabajo” o “la sanidad está saturada por su culpa” aparecieron sobre la mesa. Después, esos mensajes acabaron en la papelera.
El equipo verde trabaja en equipo para abrir su maleta y avanzar en 'El Viaje', el Escape Room de Cesal sobre la realidad migratoria. / Foto: Cesal
A continuación, llegó una segunda reflexión: ¿Qué llevarían consigo si tuvieran que emigrar? La documentación personal, fotografías familiares, el teléfono móvil y un cargador fueron algunas de las respuestas más repetidas. Objetos cotidianos que cobran un valor enorme cuando toda una vida debe reducirse al espacio de una maleta.
Con esa idea comenzó el recorrido de Desaprendiendo prejuicios II, un Escape Room de sensibilización diseñado para acercar a las participantes a las circunstancias que empujan a muchas personas a abandonar sus hogares. A través de distintas pruebas, las alumnas descubrieron realidades marcadas por el hambre, la enfermedad, la violencia, la pobreza o los desastres naturales. Motivos que convierten la migración en una necesidad y no en una elección.
Cada pista permitió avanzar por un camino en el que convivían los sueños de una vida mejor y el vértigo de empezar desde cero. A cada paso aparecía también el peso de despedirse de la familia y de todo aquello que hasta entonces significaba “hogar”.
El recorrido también incorporó un diccionario como símbolo de una realidad que muchas veces queda en segundo plano: la barrera del idioma. Porque migrar no solo supone “cambiar de lugar”, sino enfrentarse a una lengua que puede exigir descifrar un alfabeto nuevo y reconstruir cada frase antes de pronunciarla, desde la conjugación de un verbo hasta el orden de las palabras. También implica atreverse a hablar desde la inseguridad, con el miedo a equivocarse o a ser juzgado, mientras se intenta encontrar una voz propia en un entorno que todavía resulta ajeno.
Integrantes del equipo negro utilizan una linterna de luz ultravioleta para revelar los mensajes ocultos del diario y avanzar en el Escape Room. / Foto: Cesal
Dos participantes del equipo rojo tratan de descifrar el código del críptex durante una de las pruebas del Escape Room. / Foto: Cesal
El candado final reunió las aportaciones de todos los equipos para completar el recorrido de 'Desaprendiendo prejuicios II'. / Foto: Cesal
Más adelante, las alumnas se encontraron con el diario de un niño migrante, una mirada inocente sobre los prejuicios y la incomprensión que afrontan quienes llegan a un lugar nuevo. Entre sus páginas aparecían además las palabras de Ayman El Kharraz, participante de Cesal de origen marroquí, que compartía parte de su propia experiencia y ayudaba a conectar el juego con historias reales.
A diferencia de otros Escape Room, aquí no existe una clasificación ni un ganador final. La meta únicamente puede alcanzarse en equipo. Cuando los grupos consiguieron abrir la última caja, encontraron un detalle dulce en forma de chuches. Pero el verdadero premio era otro: haber cuestionado estereotipos, comprendido mejor las dificultades que afrontan las personas migrantes y mirado esa realidad desde una perspectiva más humana.