En un país donde el desempleo juvenil, la informalidad económica y la gestión inadecuada de residuos limitan las oportunidades de desarrollo, la cooperación internacional puede convertirse en una herramienta para transformar realidades. Así lo demuestra el proyecto impulsado por la ONG Cesal con el apoyo del Gobierno de Islas Baleares, una iniciativa que ha contribuido a fortalecer la inclusión socioeconómica de mujeres y jóvenes en situación de vulnerabilidad a través de la economía circular.
Más allá de la recuperación de residuos, el proyecto ha apostado por generar capacidades, fortalecer liderazgos locales y crear oportunidades económicas sostenibles que permanezcan en las comunidades una vez finalizada la intervención. El enfoque ha combinado formación técnica, innovación productiva y articulación comunitaria y territorial para impulsar procesos de desarrollo con impacto social, ambiental y económico.
Uno de los principales hitos ha sido el fortalecimiento de la Cooperativa ReCREA, integrada por mujeres recicladoras del municipio de La Libertad Oeste. Gracias al acompañamiento técnico brindado durante el proyecto, la organización cuenta actualmente con personalidad jurídica, estatutos propios, cuenta bancaria y mecanismos de gestión autónoma, consolidándose como una experiencia pionera dentro del sector del reciclaje inclusivo en El Salvador.
Este proceso ha permitido avanzar desde modelos de subsistencia e informalidad hacia una estructura organizativa con mayores capacidades para la gestión empresarial y la generación de ingresos. Asimismo, la cooperativa ha diversificado sus líneas de trabajo incorporando la elaboración de productos con valor agregado a partir de materiales recuperados, entre ellos floreros, portavasos y tablas reutilizables, contribuyendo a fortalecer su sostenibilidad económica y su inserción en nuevos mercados.
Los resultados ambientales también reflejan el impacto alcanzado. Durante la ejecución del proyecto, se recuperaron 13 toneladas de residuos reciclables, incluyendo plástico flexible, cartón y materiales PET y HDPE, contribuyendo a reducir la contaminación ambiental y promoviendo prácticas responsables de aprovechamiento de recursos.
Sin embargo, uno de los mayores logros se encuentra en el fortalecimiento del capital humano y social de los territorios. A través del programa de eco-promotores, decenas de jóvenes recibieron formación técnica especializada en economía circular, gestión ambiental y liderazgo comunitario, complementada con procesos de desarrollo de habilidades blandas orientadas a mejorar su empleabilidad y participación ciudadana.
Estos jóvenes se han convertido en agentes multiplicadores dentro de sus comunidades, promoviendo buenas prácticas ambientales, sensibilizando a la población y fortaleciendo una cultura de corresponsabilidad frente a los desafíos ambientales del territorio.
Paralelamente, el proyecto impulsó acciones de educación ambiental y sensibilización comunitaria que alcanzaron a centenares de personas mediante jornadas de limpieza, campañas territoriales y actividades educativas desarrolladas en coordinación con centros escolares, gobiernos locales y organizaciones comunitarias.
La construcción de alianzas ha sido otro elemento clave de la intervención. La articulación entre instituciones públicas, sector privado, centros educativos y comunidades organizadas ha permitido generar espacios de gobernanza compartida que fortalecen la sostenibilidad de los resultados y amplían las oportunidades para continuar impulsando iniciativas de desarrollo local.
Este modelo de trabajo responde a la visión de la ONG Cesal de promover procesos de desarrollo centrados en las personas, donde la generación de oportunidades económicas va de la mano con la construcción de tejido social, la protección ambiental y el fortalecimiento de capacidades locales.
El apoyo del Gobierno de las Islas Baleares ha sido fundamental para hacer posible este proceso. Su apuesta por la cooperación internacional ha contribuido no solo a mejorar las condiciones de vida de mujeres y jóvenes en situación de vulnerabilidad, sino también a impulsar soluciones innovadoras frente a los desafíos ambientales y socioeconómicos que enfrentan los territorios.
La experiencia en La Libertad Oeste muestra que la economía circular puede abrir oportunidades concretas de inclusión, empleo y sostenibilidad cuando se trabaja desde el territorio y con sus propias capacidades. El fortalecimiento de liderazgos locales, la formación de jóvenes y el impulso a la autonomía económica de las mujeres han permitido que los resultados del proyecto se reflejen en cambios visibles en la vida cotidiana de las comunidades. Porque detrás de cada tonelada reciclada, de cada mujer que fortalece su autonomía económica y de cada joven formado existe una historia de cambio que continúa construyéndose día a día.