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'Las diferencias culturales no sólo nos han enriquecido sino que también el encuentro nos impulsa a profundizar en las propias raíces y narrarnos'

Entrevista a Pablo Llano, director general de la ONG CESAL

El Director gereral de la ONG CESAL, Pablo Llano, responde a las preguntas de Fernando de Haro en la revista Páginas Digital para hablar de la actualidad social nacional e internacional y de la entidad. La entrevista es reproducida a continuación con sus correspondientes permisos.

CESAL es una ONG que desde hace más de 30 años viene trabajando en el campo de la cooperación internacional y de la intervención social. ¿Qué experiencia de construcción social y de participación ciudadana habéis hecho en este tiempo?

La historia de CESAL se ha ido construyendo a través de personas apasionadas por la realidad del hombre y por el mundo. Desde la humildad de saber que no tenemos respuestas para todo pero con la certeza de tener una hipótesis que poner en juego y a través de la cual podemos afrontar el desafío de responder juntos a las necesidades y aspiraciones de tantas personas que no cuentan con oportunidades ni nadie que los acompañe en el camino.

De esta forma, nos hemos ido encontrando con personas, con iniciativas, con experiencias que nos han ayudado a conocer y a adentrarnos más en el corazón del desarrollo. Y también hemos ido tejiendo una red de relaciones que nos han mostrado la posibilidad de construir con cualquiera, siempre que se esté dispuesto a un diálogo abierto y sincero que no parta de prejuicios sino de un mismo deseo de aprender, de construir, de generar respuestas que responden a problemas reales de las personas. De esta forma, se han dado relaciones y alianzas inimaginables con personas e instituciones que desde orígenes y presupuestos diferentes comparten una misma pasión y un mismo interés

De esta experiencia, ¿qué puede tener valor como método y como contenido para el conjunto de la sociedad española?

En primer lugar, el diálogo sobre problemas reales que afectan a personas con un rostro identificable. No porque renunciemos a incidir en políticas públicas, al contrario, pero si el diálogo no parte de la realidad es fácil abstraer y reducir el diálogo a un debate ideológico.

En segundo lugar, hay un aspecto de método muy arraigado en la forma de trabajar de CESAL que considero que sería un bien en los debates sociales y políticos y es el “partir de lo positivo”. Existe un valor y una riqueza muy grande de la que partir, hay múltiples iniciativas que ya tratan de responder con creatividad y entusiasmo a los problemas que nos afectan. Y, en última instancia, la propia persona encierra un potencial muy grande que hay que ayudar a desvelar y desarrollar.

Si en lugar de amenazas viéramos oportunidades, provocaciones que nos ayudan a crecer y ser mejores, se generaría una cultura del encuentro más creativa y constructiva.

Entrevista a Pablo Llano, director general de la ONG CESAL, en Páginas Digital

Habéis trabajado con muchas administraciones diferentes. ¿Cuál es la fórmula que permite que el trabajo entre entidades sociales y Administración sea más eficaz y constructiva?

En primer lugar diría que es necesario un reconocimiento mutuo de los roles respectivos. Y un reconocimiento que no sea puramente formal sino que afirme el valor de esta colaboración para generar una sociedad más dinámica y creativa que contribuya al bien común.

Es necesaria más iniciativa social, del mismo modo que es también necesario que el Estado intervenga para identificar aquellas iniciativas que contribuyen de forma más eficiente y constructiva al bien de todos. Esto que digo presupone una clara correlación de acciones. No que los agentes sociales intervengan donde el Estado no llega sino, por el contrario, que el Estado reconozca aquellas iniciativas que ya están respondiendo de forma original y constructiva a las necesidades de todos. Así entiendo el principio de subsidiariedad que hunde sus raíces en la doctrina social de la Iglesia pero que también es uno de los principios que sustenta la propia Unión Europea y que propone que un asunto debe ser resuelto por el actor más próximo al objeto del problema.

Estáis trabajando con refugiados. ¿Por qué la política española con los refugiados ha sido tan restrictiva tanto con los gobiernos del PP como con el del PSOE?

No definiría como restrictiva la política española con el tema de los refugiados si lo que entendemos por ello son las barreras a la entrada de nuevos inmigrantes. Baste señalar que el número de solicitantes de asilo se ha multiplicado casi por diez en cuatro años, superando ampliamente las 50.000 solicitudes de protección internacional en 2018. Lo que no ha sido es una política planificada ni bien gestionada. Nos seguimos moviendo de un modo reactivo, con escaso conocimiento de las situaciones que se están dando y eso está llevando a un colapso del sistema.

Por ejemplo, mientras por un lado se están admitiendo a trámite de forma generalizada las solicitudes de asilo, también es verdad que tres de cada cuatro solicitudes están siendo denegadas. Esto significa que personas que han llegado a territorio español solicitando asilo y se han beneficiado de las ayudas del programa de protección internacional, se pueden encontrar de un día para otro en situación irregular y sin ningún tipo de ayuda. Si a esta realidad sumamos el enorme retraso con el que se emiten las resoluciones de estas solicitudes, la consecuencia es que no para de crecer el número de personas inmigrantes sin ningún tipo de protección que tampoco tienen la posibilidad de integrarse ni trabajar en España.

Quizás la cuestión más debatida y difundida ha sido el reiterado incumplimiento de España de los acuerdos europeos para reasentar a las personas refugiadas de los campos de Líbano y Turquía, pero aun siendo sangrante esta situación no es el mayor problema de la política de asilo de España. Seguimos con una legislación que se ha quedado obsoleta y, sobre todo, no ha tenido el desarrollo previsto. Mientras, la inestabilidad política española y la dificultad de coordinación entre los diferentes ministerios e instancias responsables de esta política no ha facilitado las cosas.

Entrevista a Pablo Llano, director general de la ONG CESAL, en Páginas Digital

También trabajáis con inmigrantes. Es una cuestión que ha entrado en la agenda de la pre-campaña. ¿Hay motivos para la alarma social? ¿Qué puede ayudar a que la inmigración sea vista en su justa proporción? ¿Qué experiencias de integración pueden ser útiles para toda la sociedad?

Sinceramente, creo que no hay motivos para una alarma social, aunque es verdad que en determinados contextos locales es urgente tomar medidas para que la situación no se vuelva insostenible y crezca una oleada de malestar que siempre alimenta las posiciones más extremas y alarmistas.

La inmigración es un fenómeno imparable así que lo importante no es sólo saber convivir con ella sino saber ver oportunidades donde algunos sólo ven amenazas. Preocupémonos por integrar mejor a estas personas que llegan huyendo de situaciones insostenibles en sus países o simplemente por el deseo de una vida mejor, y no de hacer crecer los muros que nos separan que siempre serán insuficientes para frenar la presión sobre nuestras fronteras.

Pensemos en la evolución demográfica de África frente a la europea y comparemos el nivel de vida a ambos lados del estrecho de Gibraltar y entenderemos que el problema no es sólo de políticas regulatorias de la inmigración, que también, sino de favorecer las oportunidades de desarrollo en sus países de origen y también de facilitar la integración de aquellos que entran en nuestro país.

No se puede ser ingenuo en esta materia, pero si al distinto lo hubiéramos visto siempre como una amenaza, España no sería la que es. No sólo nos hemos enriquecido con las diferentes culturas que han atravesado nuestra geografía sino que también el encuentro con el diferente impulsa a profundizar en las propias raíces y a narrarse. La propia identidad se afirma en el diálogo y el encuentro con el otro.

¿Cómo integrar?

No hay otro modo de integrar que reconociendo el valor del otro y partiendo de la contribución que puede dar a la propia vida y a la de la sociedad de acogida. Por eso, lo que es un drama es que tengamos a tantos inmigrantes en situación irregular en España y no se favorezca su regularización para que su integración pueda ser real en el aspecto social y laboral. Incrementar el número de inmigrantes en situación irregular que simplemente están esperando a que pasen los años para regularizarse por la vía del arraigo es una irresponsabilidad y no hace otra cosa que alimentar la idea de que los inmigrantes sólo vienen a aprovecharse de nuestros servicios públicos, cuando el problema, en muchos casos, es que no se les está dejando contribuir como ciudadanos al crecimiento del país.

El sector no lucrativo es adecuadamente reconocido por los partidos políticos?

Diría claramente que no porque incluso cuando es reconocido no lo es adecuadamente. Evidentemente, hay una consideración diferente en unos partidos que en otros pero o bien se le mira con temor y desconfianza o, por el contrario, se le concede aparentemente un gran espacio pero solamente para librar ciertas batallas culturales o ideológicas. En ambos casos considero que hay una visión reducida del sector no lucrativo y, por tanto, no se aprovecha todo su potencial para construir la casa común.

Ni somos sólo ejecutores de las políticas públicas para abaratar costes ni brazos políticos para librar batallas ideológicas. Pretendemos ser actores de la escena pública contribuyendo desde nuestras diferentes identidades e iniciativas a generar respuestas adecuadas para las personas, más allá de intereses partidistas o de lucro.

¿Qué criterios deberían seguirse para que las políticas sociales y de inmigración fueran más eficaces y más constructivas?

En primer lugar, deberían escuchar más a la sociedad civil y a las propias personas, generando un diálogo real que identifique y construya respuestas adecuadas para las personas. Los contextos cambian rápidamente por lo que es necesario hacer también una continua reflexión sobre la experiencia para ver lo que funciona y lo que no, quién está haciendo mejor las cosas e imitarle, qué errores no podemos volver a cometer, etc. Hay que abandonar ideas preconcebidas y ser valientes para comparar continuamente lo que se ha trazado o establecido con la realidad. Necesitamos políticas y leyes más ágiles y flexibles, dispuestas a adaptarse a lo que la realidad exige. Y esto no es una acusación sólo a la excesiva burocratización del Estado sino también a las personas que tienen la responsabilidad de llevar a cabo estos cambios.

Y, en determinados ámbitos, sería deseable que hubiera pactos de Estado que no dependieran del partido que gobierne, para garantizar acuerdos básicos que permitan una cierta estabilidad y el desarrollo de políticas y estrategias a medio y largo plazo. Como, por ejemplo, en materia de política migratoria o de asilo.

¿Qué tipo de gobierno haría más fácil vuestro trabajo?

No es una pregunta fácil de responder. CESAL tiene ya más de 30 años de existencia y tengo que decir que ningún gobierno ha impedido que creciéramos y siguiéramos aportando nuestra contribución al bien común. Es verdad que ha habido gobiernos más sensibles socialmente y otros que menos, gobiernos con mayor disposición al diálogo que otros, etc., pero con todos hemos encontrado espacios para poder seguir expresándonos trabajando juntos.

Aunque parezca que no quiera mojarme, si me atengo únicamente a la pregunta de qué gobierno haría más fácil nuestro trabajo no lo tendría muy claro. Pues si por un lado afirmaría que nos convendría un gobierno con mayor sensibilidad social, que apoye con más determinación algunas políticas sociales y que dé mayor espacio a la sociedad civil, también desearía que ese espacio fuese lo más abierto posible y no estuviera condicionado por visiones ideológicas cerradas que no contribuyen a la libre expresión y a generar espacios realmente creativos y constructivos para la vida de todos.

Desgraciadamente, en España nos movemos, como decía antes, de una visión temerosa y como mucho utilitarista del tercer sector, a otra con una carga ideológica que desmiente el proclamado y alabado papel que se da a la sociedad civil para la construcción de políticas sociales.

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