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Haití

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Furiosa alegría. El carnaval de Jacmel.


Nada como algo que festejar para alejar una desgracia; nada como sonreír para apartar una tristeza. Algo así debieron de pensar los habitantes de Jacmel, una de las ciudades más acogedoras del país (y de las que más han sufrido los efectos del terremoto de hace un año y del ciclón Thomas hace pocos meses) cuando decidieron, este año sí, celebrar el carnaval.

 

No me esperaba algo tan impresionante, ni cuando atravesaba la ciudad, ni tampoco cuando subía a una terraza desde donde pensaba que vería pasar a las comparsas. En cuanto me asomé entendí lo equivocado que estaba. Un carnaval no se puede ver desde la altura, desde la distancia, al menos no éste. No podía estar tan lejos de toda esa gente, que llevaba los disfraces como si fuera lo único que importaba en el mundo.

Así que salí disparado de nuevo hacia abajo, cámara en ristre, a sumergirme entre la gente. Las siguientes horas las recuerdo de forma turbia, como se recuerdan a veces las cosas que han sido muy intensas. Recuerdo que sólo me importaba seguir haciendo fotos a ese mundo que se abría ante mí lleno de luz y colores; recuerdo el intenso calor y las dificultades para moverme entre la gente.

 

Pero sobre todo recuerdo un sentimiento que se me quedó grabado, algo que sólo pude entender al día siguiente cuando me volvían a la cabeza todas las imágenes, sobre todo aquellas miradas profundas (tan habituales en los haitianos) mezcladas con las explosiones de risas y con la ilusión de los más pequeños. Es el sentimiento de que esa gente llevaba demasiado tiempo con necesidad de reírse, de bailar y de tener algo que festejar. Y se veía en esa alegría, que de sobra sabían que les duraría sólo un día, manifestada de una forma furiosa, casi con rabia. Con esa intensidad, con esa fuerza resonaban los tambores y las trompetas, que hacían subir y bajar el ritmo de forma caprichosa, un ritmo que ya hacía horas que había invadido nuestros cuerpos. Y con esa pasión bailaron las calles de Jackmel, en un día en el que la alegría venció los malos recuerdos y las ganas de vivir del pueblo haitiano volvieron a ser más fuertes que la unión de todas las desgracias.

 Jorge Calero. Director Proyectos de Fonds Verretes

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