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Haití

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El día que se puso la primera piedra

El día que pusimos la primera piedra del Centro de Formación me vino una imagen a la cabeza: un padre sentado sobre una piedra del parque que mira a sus hijos jugar. Su mirada delata cuánto está disfrutando viendo a los niños. Cualquiera habría podido pensar que se trataba de un niño, por el gran brillo de sus ojos. En su rostro se adivinaba el gozo que experimenta quien ha deseado algo grande durante toda su vida y, de pronto, ese algo ha llegado y está ante sí. El cansancio de este hombre, aunque evidente, se queda en nada comparado con la alegría que en él reside.

Este episodio me recuerda al Padre Anicette, párroco de la parroquia de Notre Dame de Lourdes en Cité Militaire, Puerto Príncipe, quien, una vez terminada la Ceremonia de Bendición de la primera piedra del futuro Centro de Formación, al contrario que los demás, que ya volvían a sus casas, se quedó en el lugar, conmovido. Miraba a los obreros que, con sus máquinas, empezaban a limpiar el terreno. Ésta es una de las imágenes que más vivamente guardo de aquel día.

Habíamos empezado temprano a preparar los últimos detalles. Queríamos que todo saliera bien. Además, al tratarse de una ceremonia, teníamos que cuidar especialmente cada pequeño detalle cultural. Nos organizamos por grupos, teniendo cada uno nuestra propia responsabilidad. Como sucede cuando se vive el estrés del último minuto, hubo algunos fallos: olvidamos una cosa en la oficina, habíamos hecho mal un póster... Pero nada grave.

Una vez llegaron todos los invitados comenzó la ceremonia religiosa, que giró en torno a la bendición y colocación de la piedra. Después de los diferentes discursos, terminamos con una pequeña presentación de todo el trabajo que CESAL desarrolla en Cité Militaire. Además de los equipos de oficina y de terreno de CESAL, estuvieron presentes representantes de varias entidades oficiales, de nuestras contrapartes, asociaciones locales y del pueblo de Cité Militaire.

El motivo último del trabajo: desarrollarse como persona

De lo que se dijo en los discursos, me impactó lo que dijo Maria Leitão, Directora de CESAL Haití: "el trabajo es el ámbito en el que el hombre descubre quién es y donde tiene una dignidad insustituible". En un país donde el trabajo se plantea solamente como algo que te permite satisfacer tus necesidades primarias (p.e. comer), es decir, sobrevivir económicamente, el discurso de María fue rompedor: para ella, el motivo último del trabajo es desarrollarse uno como persona. Sus palabras hicieron mella en mí, ayudándome a entender por qué trabajo yo. Fue volver a descubrir que todo el mundo, incluso los más pobres, esperamos que se nos hable de quiénes somos y de hacia dónde vamos.

Para llegar a este momento, ponernos a construir un nuevo centro de formación, fue necesario dar una serie de pasos. Uno de los puntos más importantes fue la identificación de las necesidades locales, trabajo hecho con ayuda del Instituto Nacional de Formación Profesional de Haití y apoyado en encuestas realizadas a jóvenes y empresas de Cité Militaire. Después, la realización de todo el proyecto arquitectónico y de obra, y el diálogo con la comunidad y la parroquia. Pero esto es tan sólo la primera piedra. Hay todo un recorrido por delante, con muchos y exigentes desafíos.

La educación, alimento de los haitianos

La presencia de los medios de comunicación me impresionó mucho también; en concreto, de dos canales de radio y televisión que tienen una elevada audiencia en Haití. Esto ha servido, sin duda, a dar una mayor visibilidad a CESAL.

No obstante, hay algo que me impactó más profundamente y de lo que ya había sido consciente durante mi trabajo: para los haitianos la educación es como el alimento. Y esta es la razón por la que en uno de los barrios más problemáticos de Haití, uno de los países más pobres del mundo, azotado por catástrofes naturales, se decide construir un centro de formación.

El padre sentado sobre una piedra que evocaba a aquélla que acababa de inaugurar el centro continuaba mirando a sus hijos en "movimiento". Cansados, sus ojos seguían, no obstante, llenos de alegría, siendo reflejo de lo que aún acontecía ante ellos. Igual que sucedió ante nuestros propios ojos. 

Tiago Maymone, Coordinador del Proyecto

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