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En primera persona

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Frederick

Fréderik

"Mi vida en la calle era difícil, era terrible, porque ya no me quedaba familia. Mi madre y mi padre habían muerto. Estaba sucio, no me lavaba. ¿Quién iba a venir a ocuparse de mi? Nadie. Yo tenía conocidos, amigos… antes, pero ¿quién iba a venir estando enfermo? Iban a decir: no te acerques, no te acerques que te hará daño.

Cuando estás en la calle algunos vienen para agredirte, para tirarte piedras, especialmente los niños que dicen: “mirar un loco”. A veces rebuscaba en las basuras de los blancos, prácticamente no había nadie que me diera de comer, estaba solo en medio de un desierto. Hasta que llegó Gregoire. Yo sabía que él tenía miedo, pero cuando se acercó a mí no fue un mal encuentro, aunque el primer día le rechace, le dije que no, él no me dijo que se trataba de un centro psiquiátrico, me dijo: te voy a llevar a un sitio donde podrás reposar y verás como todo se arreglara.

Yo no tenía esperanza de encontrar la vida que llevo hoy, creía que mi vida se había parado allí. Y aquí en la Sant Camille, tomé muchas medicinas que me hicieron remontar, y todo lo que oía antes, las voces que oía, -yo escuchaba voces que me hablaban-, nunca más las escuché."

Mariam

Mariam

Cuando Gregoire encontró a Mariam, ella se encontraba cerca de la muerte y tan desorientada que no entendía qué pasaba a su alrededor. En la asociación Saint Camille, Mariam recibió los cuidados médicos que le permitieron recuperarse y fue tratada con medicinas para tratar su enfermedad mental. Mariam regresó a su propia familia. Su hermano vivió conmocionado su vuelta y también sintió la vergüenza de no haber sabido tratarla en su momento.

Mariam sufrió nuevas recaídas. Durante el último episodio sufrió una severa depresión que la dejo muda por varios meses. Preocupado por su recuperación, Gregoire fue a buscar a los dos hijos de Mariam a Costa de Marfil y los convenció para viajar a  Benin a visitar a su madre. Cuando Mariam vió a sus hijos recuperó el habla. Mariam continúa viviendo y trabajando en el centro de la Saint Camille de Benin.

Eric

Eric

Cuando llegue no quería quedarme, en todo momento me venía la idea de huir. Creía que todo el mundo era mi enemigo, me sentía como si yo fuera el que gobernaba el mundo, creía que yo era el Dios de este mundo.

Ahora ayudo en el centro. En los centros no solo están los enfermos, también hay personas que no están enfermas pero la mayoría del personal se compone de enfermos. Tenemos el deber de ocuparnos de ellos, y procurar que recuperen la salud y puedan regresar con sus familias.

Valentin

Valentin

Gregoire me encontró en la calle y me dijo: Valentín. ¿tienes sed, quieres agua?, quiero cambiar tus ropas. Me llevó al centro, me lavo, me vistió, y me dijo, “aquí estás en tu casa, se acabó la calle, se acabó dormir en la calle, nunca más dormirás en la calle. Estás en tu casa y aquí todos son tus hermanos y te pido que seas amable con todo el mundo”, a lo que yo le respondí: esta es la casa de Dios también.

Janvier

Janvier

Janvier estuvo enfermo, encadenado durante 7 años, tirado, desnudo, dentro de la casa. La cadena atravesaba el muro para sujetarla en un árbol del patio. ¡7 años!, ¡durante 7 años!... ya sólo esperaba la muerte. Ahora está casado y tiene 4 hijos. Le han comprado una máquina para que vaya por las casas para hacer aceite de palma. Y eso le permite no solo ayudar a su familia y a sus hijos, sino participar en el desarrollo local del pueblo.

Catherine

Catherine

“Antes cuando veía a los enfermos mentales rezaba por ellos, sentía compasión, pero nunca pensé en esto, nunca pensé que podría ocurrirme a mí. Había pensado en todo menos en eso, pero una mañana me llegó. Ves a tus compañeros de la escuela, a la gente que conocías… y tú estás siempre ahí, enferma. Es difícil, no es nada fácil. Pero ahora estoy en el Centro de mujeres Chu de la asociación Saint Camille”.