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Ecuador

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Cómo 15 horas de prácticas y 2 de teoría pueden cambiar sus vidas

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¿Qué tienen en común jóvenes como Helen, Pamela, Dario, Jonathan, Jairo y Fernando? En primer lugar, que viven en Pisulí y La Roldós, barrios marginales del Noroccidente de Quito, en Ecuador. Algunos son vecinos y amigos desde la infancia; otros solo se conocen por vivir misma zona. Pero más allá del vínculo geográfico, les unen otras muchas experiencias.  

En Ecuador, el acceso a las universidades públicas no es fácil, a pesar de los esfuerzos del Estado por aumentar la oferta académica de estudios superiores. Esta realidad nacional tiene un reflejo particular en estos barrios que se caracterizan por su pobreza, y contribuye a reforzar el círculo de la exclusión, del que es difícil escapar.

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La ecuación es parecida en entornos pobres: jóvenes que han desistido en su formación y desarrollo para atender las necesidades apremiantes de sus hogares, que optan por empleos informales o subempleos; algunos con responsabilidades de paternidad temprana para las que no fueron preparados; frustración y desesperanza que muchas veces se vuelcan en violencia intrafamiliar, alcoholismo y drogadicción, problemas que, con el paso del tiempo, se van convirtiendo cada vez en más críticos.

Helen, Pamela, Darío, Jonathan, Jairo y Fernando, protagonistas de nuestra historia, viven en un distrito catalogado como “zona roja” y tal vez por esto hayan sido víctimas de prejuicios sociales, raciales y culturales.

Desde hace un tiempo estos seis jóvenes tienen algo más en común. Junto a otros diez, han participado en el curso de gastronomía “Saliendo Adelante” organizado con el apoyo del Ayuntamiento de Málaga.  La dinámica de sus vidas está cambiando gracias a las casi 200 horas de formación recibidas y combinadas con prácticas profesionales.

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A esta experiencia satisfactoria han contribuido otros actores, como Bill Letiery, reconocido chef y dueño del restaurante “Carmine Gastronomía y Arte”, que ha dado su disponibilidad “ad honorem” para supervisar las prácticas movido por su generosidad y el deseo de transmitir sus conocimientos a nuevas generaciones a modo de “legado”. La Escuela de Hospitalidad y Turismo de la Universidad de Las Américas (UDLA) ha contribuido en el diseño de la estructura curricular del curso y en la identificación de los instructores teóricos. La colaboración de la UDLA forma parte de un Convenio de Cooperación establecido en 2015 con la Fundación Sembrar, organización socia de CESAL en Ecuador.

Los 29 jóvenes aspirantes al programa de formación participaron en las pruebas de selección. Estas consistieron en tres talleres de cocina, en los que tenían que elaborar menús que luego serían degustados por un grupo evaluador. En esta fase previa el objetivo era descubrir el grado de compromiso de algunos jóvenes y el nivel de esfuerzo que estaban dispuestos a hacer.

A los 16 jóvenes finalmente seleccionados, el curso les ha servido no solo para aprender cocina y conocer las normas sanitarias y de higiene en la preparación de alimentos, también han aprendido a cuidar su aspecto, pasaron de llegar desaliñados a los talleres al principio a valorar la importancia de su imagen para la obtención de un puesto de trabajo, y a mejorar su actitud general, que han mejorado jornada tras jornada.

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Las 15 horas de formación práctica y las 2 horas de teoría que han recibido durante tres meses pueden significar un antes y un después en la vida de estos chicos y chicas. En este tiempo han “aprendido haciendo” cómo atender a la clientela, cómo atender una cocina y muchas más aptitudes necesarias para su desarrollo profesional. Siete han sido valorados para ser contratados en eventos que requieren servicio y elaboración de platos. Vemos así los primeros resultados tangibles.

Sin embargo, lo más importante ha sido el profundo impacto que ha tenido sobre su compromiso, sobre su desempeño, sobre la pasión contagiosa que han desarrollado por la restauración y la gastronomía, sobre su capacidad de sacrificio y su motivación para apoyarse unos a otros y para dar testimonio a otros chicos y chicas de que existen opciones diversas que pueden permitirles mejorar sus condiciones de vida.

Han evidenciado que nuestras vidas son poderosamente impulsadas cuando descubrimos que podemos ser útiles, sea cual sea la condición social o la función que desempeñemos, que el valor del trabajo es la realización de la persona.

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