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Día mundial de las personas refugiadas: lo que las cifras esconden

Día Mundial de las Personas Refugiadas

En 1988, la ONG CESAL inició su trabajo de cooperación internacional en los países más vulnerables del mundo, donde ha colaborado con más de 3 millones de personas. En 2007, inicia su labor con población migrante y vulnerable en España, y en 2017, entra a formar parte del programa de acogida e integración de personas refugiadas del Ministerio de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social, el Fondo de Asilo, Migración e Integración y el Fondo Social Europeo. A través de este programa atiende a casi 200 personas que han tenido que empezar sus vidas desde cero.

En más de 30 años, si algo ha aprendido la organización es que nadie quiere abandonar su país y dejar atrás su vida; que la mejor manera de proteger a las personas solicitantes de refugio y a las personas desplazadas es evitar que tengan que abandonar sus hogares y que las cifras esconden lo más fundamental: que detrás de cada una hay un ser humano que busca su lugar en el mundo.

Hoy en día la búsqueda de un lugar seguro es una realidad para los casi 70 millones de personas en el mundo. La ONG CESAL trabaja en 15 países. En algunos de ellos con una alta tasa de personas migrantes y refugiadas o que pueden pasar a formar parte de las estadísticas en cualquier momento. Como en Siria y por su cercanía Líbano;  en Honduras y El Salvador en Centroamérica; o en Uganda en África. 

En el día Mundial de las Personas Refugiadas, CESAL reivindica la necesidad de mirar a la persona cara a cara, interpelar e interpelarse sobre las causas que les llevaron a abandonar su país o cómo viven aquellas personas que permanecen en sus lugares de origen, a pesar de desenvolverse en las condiciones más adversas. Esta reivindicación interpela a tanto a abrir los brazos ante quienes están llegando a nuestro país, como a no caer en el olvido de quienes siguen sufriendo en sus países.

SIRIA

La memoria es frágil, como apunta el padre franciscano  Ibrahim Alsabagh, con quien CESAL trabaja en Alepo desde 2015. “Ya nadie habla de Alepo como si todo ya se hubiese resuelto. En cambio, nos seguimos encontrando con una ciudad destruida en un 70%, con las alas cortadas desde el punto de vista económico y donde encontrar un trabajo es muy complicado. Gracias a organizaciones como CESAL y a las personas que canalizan sus ayudas a través de aquellas, podemos mantener la esperanza de la gente”.     

Una situación de olvido similar se vive en otros países, por ejemplo en Centroamérica, donde la combinación de violencia, pobreza y falta de oportunidades provoca que miles de familias huyan de la región, más de medio millón, según Naciones Unidas,  en lo que va de año. Sin embargo, hay quien decide quedarse o no se puede marchar. El trabajo de las ONG es fundamental para poder salir adelante. La combinación de trabajo de prevención de la violencia infantil y juvenil, unida al trabajo de integración sociolaboral que CESAL está realizando en la región quiere contribuir a una renovación generacional que puedan hacer resurgir, con orgullo, sus países y con él su futuro.

Las migraciones internacionales tienen detrás unas causas específicas, pero lo más específico son sus gentes. Cada una con una vida a sus espaldas, con unas expectativas en su corazón.

Este es el caso de Ricardo, de 21 años, que de momento ha decidido permanecer en El Salvador, y en su municipio, La Ceiba, que se define a sí mismo como “un chico con poca iniciativa y poco comunicativo”, pero que se atrevió a mirar al futuro, y señala: “estaba bastante claro: tarde o temprano acabaría cayendo en la violencia, en la mara, como víctima o como verdugo. Ahora cuento con formación profesional y espero encontrar las oportunidades que busco en mi país, no tener migrar o verme atrapado en la delincuencia”.

Las realidades cambiadas se cuentan por miles, también en España donde acompañamos a más de 200 personas demandantes de protección internacional. Algunos ejemplos los constituyen Maika o Juevenal.

Maika es una mujer rusa de 33 años que trabajaba en su país como reponedora en un supermercado. Tuvo que huir hace 6 meses, perseguida por sus creencias religiosas. Juevenal es un  refugiado de 63 años, venezolano que salió por motivos políticos.

Ambos señalan que su mayor tristeza es haber tenido que dejarlo todo y su mayor alegría poder pasear por las calles sin sentirse perseguidos ni amenazados. “Nada me hace más feliz que ver cómo mis tres niñas juegan en el parque del barrio donde vivo y sentir que aquí estamos seguras”, señala Maika.

“Cuando conoces a las personas que hay detrás de las cifras no hay marcha atrás.”, afirma Pablo Llano, Director de CESAL, “Los números no son más que eso, números, pero lo que hay detrás son personas que huyen de la guerra, de la violencia, del hambre, de la falta de oportunidades, y que la mayoría de veces reclaman de nosotros cosas tan sencillas como atención y cariño. Esta es la cuestión fundamental en nuestro trabajo”.

Agradecemos a todas las personas que día a día hacéis posible que nuestro trabajo con las personas más vulnerables sea posible. En un mundo cambiante, donde las diferencias son cada vez mayores entre unos seres humanos y otros, necesitamos más tu ayuda

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