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'Pedro se interesa verdaderamente por los chicos'

"A pesar de que en España estamos pasando por momentos muy difíciles, estamos convencidos de que apoyar la construcción de una escuela en Paraguay para menores en conflicto con la ley es un bien para todos. Porque el corazón es el mismo para todos, no tiene fronteras". Con estas palabras de Pablo Llano, director de CESAL, se inauguraba de la campaña. En ella intervinieron Pedro Samaniego, director de la Casa de Acogida Virgen de Caacupé, y Feliciano Colina, ex recluso de la casa y actual responsable de la misma junto con Pedro.

Pedro Samaniego empezó la aventura de la casa de acogida en 1.999, a raíz de una amistad que nació entre él y chicos a los que visitaba en una cárcel de menores en la capital de Paraguay, Asunción. Con el tiempo, al verse realmente implicado en la relación con estos chicos, tuvo que escoger entre dejar de verlos y seguir como contable en el ministerio, o dejar hasta su trabajo y acompañar a estos jóvenes que caminaban sin rumbo. Pedro prefirió arriesgar, y su vida entera gira hoy en torno a la casa de acogida Virgen de Caacupé y los menores que, en lugar de cumplir condena en prisión, lo hacen allí.

La casa no tiene rejas ni medidas de seguridad y, sin embargo, son pocos los chavales que han intentado escaparse. "Al ver el resultado en los chicos de la convivencia en la casa, los magistrados-incluso el Presidente de la Corte Suprema- quedan absolutamente convencidos de que es un bien para los menores vivir aquí", explica Pedro.

El programa que deben seguir los jóvenes y adolescentes que viven en la casa tiene una duración de dos años, tiempo en el que completan sus estudios y/o se acuden al centro de formación profesional que se ha construido en el mismo terreno de la casa.

"Pedro se interesa verdaderamente por los chicos", cuenta Feliciano Colina, que conoció al director de la casa hace ya ocho años. Feliciano, tras haber cumplido condena en la casa, se fue a la ciudad, donde estuvo un tiempo trabajando, manteniendo siempre la amistad con Pedro y los muchachos de la casa. "Pero un día me di cuenta de que yo había llegado hasta allí gracias a la casa. Quise volver y aportar algo, así que llamé a Pedro. Y desde hace cuatro años me encargo yo también de la casa junto con él".

Otra novedad que en la presentación de la campaña Manos a la Obra relataron Pedro Samaniego y Feliciano Colina es que, si bien la comunidad de Itaguá, donde está situada la casa, al principio no les acogía, sino que más bien procuró por todos los medios que la casa no se instalara allí, la situación ha cambiado radicalmente con el tiempo. "Limpiábamos las calles, arreglábamos las que estuvieran rotas, las decorábamos cuando eran días de fiesta, plantábamos árboles..." Todo esto era lo que hacían los chicos que cumplían condena en la casa para ser aceptados por la comunidad. "Poco a poco nos han ido conociendo, y ahora a menudo los chicos de la casa juegan con los de la municipalidad. También vienen padres pidiéndonos ayuda con sus hijos", dice Pedro.

A la presentación de la campaña 'Construyendo un bien para todos', cuyos fondos irán destinados a la construcción de una escuela para estos menores y otros jóvenes en riesgo de exclusión social, le siguió un cóctel, que fue servido por voluntarios y por jóvenes que cursan el primer PCPI (Programas de Cualificación Profesional Inicial) de cursos auxiliares de restauración, impulsado por CESAL en colaboración con el Colegio J.H. Newman.

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